viernes, marzo 31, 2017

American Southwest Roadtrip, March, 2017


There is no reason to stay in Odessa unless there is no money to travel. A trip to the Grand Canyon starts with the first stop in Cloudcroft, New Mexico:



Then a 20 minute drive to Alamogordo, New Mexico for one night.



White Sands is about an hour away from the Valley of Fires, where rocks and dirt are black:



New Mexico is truly the "land of enchantment," thanks to its hidden and some unhidden wonders, but half of the state is perhaps just shrub land. Deming was the place where I stopped for the second night, and the shrubs continue almost all the way up to Tucson, Arizona. About 45 minutes before Tucson, you can find an area of mainly yellow trees (in the spring?!). Trees were not close enough to make a forest:


You won't see any cacti other than prickly pears until you reach the eastern Tucson city limits, and on the west side, you'll find them everywhere:



Phoenix, as well as the highway between Tucson and Phoenix is full of Saguaro cacti as well:





Thanks Lalo for letting me stay for the night. The highway from Phoenix to Sedona is beautiful. Surprisingly, right after the exit to Bumblebee Road you reach higher plains and you can see that Saguaro Cacti stop growing there, even though they were visible ten feet behind you. This can be seen from an overlook called Sunset Point:



Saguaro cacti grow on one side of the creek only! Right before Flagstaff, you can take a detour to the Sedona area, and this is what you can find:













And Flagstaff has everything you need, except for Whataburger, and perhaps non-stop flights to Monterrey and Europe:



There is no better way to describe the Grand Canyon than taking you there, but this is kind of what it looks like:

















One last view of Flagstaff before driving back to Albuquerque:





Amarillo was the last stop before heading back to Odessa. This Church was cozy, and there were lots of pretty girls:



I hope you join me next time!

domingo, enero 15, 2017

Cuando el cerebro se va de vacaciones



El dar clases de ciencias en lugar de matemáticas ha sido un alivio, pero a su vez require más tiempo para planear y prepararse. Desde que me vine a vivir y trabajar a Odessa, Texas, ha sido una costumbre regresar a Monterrey cada Navidad, y sería imperdonable para mi mismo, mi familia y algunos amigos el no hacerlo. El desconectarse tanto tiempo alenta el cerebro en muchas maneras:


El no usar despertador casi a diario, el ver películas y documentales en familia, juegos de mesa, el salir a ver amigos que no ves en meses o a veces años, el tener a la mano todas las golosinas navideñas (y de todas las temporadas), el darse tiempo de cocinar algo rico con comida mexicana, y estas vistas, mis cerros, mi casa:






















Yo me vine pensando en que en tres semanas (dos semanas más una semana extra que pedí) iba a tener tiempo para aburrirme, y así iba a tener chansa de ponerme a preparar la unidad de la célula (de la que no me acordaba del todo, al no ser mi área de experiencia) y hacer los famosos lesson plans que nos piden en la escuela.



En lugar de eso, terminé en las posadas y reuniones, celebraciones navideñas y de Año Nuevo, haciendo vueltas para que pudieran prestarme un carro y poder usarlo, cocinando y lavando platos después de que la muchacha se fue de vacaciones (Paulina, que también estaba de vacaciones se encargaba de otras cosas mientras Luly trabajaba), idas a Chipinque y Cuatrociénegas, salidas con amigos, renovación del pasaporte, firma de papeles en la UR para la entrega de mi cédula de la maestría… No recuerdo haber tenido un minuto de aburrimiento salvo cuando estuve esperando a que me atendieran en algún trámite o en las visitas al doctor y la dentista.







Terminé leyendo la unidad del libro que me llevé en lo que esperaba el avión de regreso el sábado 7 de enero. El avión se retrasó y llegué tarde esa noche a mi depa. El domingo 8 me desperté después de medio día. Creo que dormí trece horas por haber madrugado la noche anterior. Después de la comida me doy cuenta de que dejé mis pantalones formales que uso para el trabajo en Monterrey y el mol lo cerraban a las 6:00, además faltaba ir a misa…





Terminé empezando a planear mis clases esa noche. Afortunadamente, al día siguiente tocaban pláticas de educación sexual que no doy yo, así que solamente necesitaba prepararme para cuatro días esa primer semana.




Al no darme el tiempo de preparar mis clases en vacaciones y dejar parte de mi ropa en Monterrey me hizo pensar que mi cerebro se fue de vacaciones. Sí, me tardé más tiempo de lo que normalmente me tardo en preparar las clases de la semana, pero a pesar de eso, no me arrepiento de haber aprovechado estos días extra. El plan es empezar y terminar este 2017 aquí donde el desierto y el bosque se juntan.